miércoles, 8 de junio de 2011

Paisaje electrónico

Desde lo alto de una cuesta, con los ojos entornados a causa del sol, contempló una vasta alfombra de edificaciones que habían crecido juntas, como las mieses bien cuidadas, de la tierra de color pardo apagado; y recordó la ocasión en que, al abrir un transistor para cambiarle las pilas, había visto por primera vez en su vida lo que era un circuito impreso. El ordenado laberinto de edificios y calles, contemplado desde una perspectiva elevada, se extendía ante ella con la misma claridad impensada y pasmosa que la placa del circuito. Aunque sabía menos de transistores que de californianos del sur, en la forma exterior de unos y otros había algo cifrado y de significado oculto, de orientación comunicativa. No parecía haber límites a lo que el circuito impreso habría podido decirle (si hubiera querido averiguarlo); por ello, nada más cruzar la entrada de San Narciso, una revelación cruzó también las puertas de su entendimiento. El smog coronaba el horizonte curvo por completo, el sol que bañaba los campos iluminados de beige resultaba angustiante; ella y el Chevy [Chevrolet] parecían estacionados en el núcleo de un momento singular, religioso. como si se articulasen palabras en otra frecuencia o brotaran del eje de algún remolino que girase con excesiva lentitud para que su piel caldeada notase su frescura centrífuga.


Thomas Pynchon

La subasta del lote 49

1 comentario:

Videodrome dijo...

Qué excelente cita para comenzar sus elucubraciones y citas febriles... Que este sea un espacio en el que comparta esas pequeñas píldoras existenciales y no académicas... bem-vindo, meu amigo...